Nuestro sitio web utiliza cookies para mejorar y personalizar tu experiencia, y para mostrar anuncios (si los hay). Nuestro sitio web también puede incluir cookies de terceros como Google Adsense, Google Analytics, Youtube. Al utilizar el sitio web, aceptas el uso de cookies. Hemos actualizado nuestra Política de Privacidad. Por favor, haz clic en el botón para consultar nuestra Política de Privacidad.

La expedición de James Cameron y el récord de profundidad en la fosa de las Marianas

1. Fosa de las Marianas – Abismo Challenger (aprox. 10.984 metros)

La Fosa de las Marianas, situada en el océano Pacífico occidental, es hogar del punto más profundo que se conoce en la Tierra: el Abismo Challenger. En 1960, el sumergible Trieste logró descender cerca de 10.916 metros llevando a Jacques Piccard y Don Walsh en su interior. Años más tarde, otras misiones con tripulación, entre ellas la que el director y explorador James Cameron llevó a cabo en 2012, llegaron a profundidades próximas a los 10.900 metros, lo cual validó los registros actuales de hasta 10.984 metros.

A esa profundidad, la presión supera las 1.000 atmósferas, equivalente a soportar el peso de decenas de aviones sobre un cuerpo humano. Las temperaturas rondan los 1 a 4 grados Celsius y la oscuridad es absoluta. A pesar de ello, se han observado formas de vida adaptadas a condiciones extremas.

2. Fosa de Tonga – Horizonte profundo (aprox. 10.823 metros)

La Fosa de Tonga, situada asimismo en el Pacífico, constituye uno de los abismos más hondos a los que jamás ha descendido el ser humano a través de naves sumergibles y equipos teledirigidos. Su profundidad máxima ronda los 10.823 metros.

Las misiones científicas han permitido estudiar la intensa actividad sísmica de la región, donde convergen placas tectónicas. Estas investigaciones ayudan a comprender mejor la formación de terremotos y tsunamis.

3. Fosa de Filipinas – Profundidad Emden (aprox. 10.540 metros)

Situada en la zona oriental de Filipinas, esta sima supera los 10.500 metros de profundidad. Si bien las expediciones con tripulación han sido escasas, distintos aparatos especializados se han adentrado en abismos marinos con el fin de extraer especímenes biológicos y materiales geológicos.

Los análisis han demostrado la existencia de organismos aptos para resistir entornos de presión extrema y escasez de recursos, ensanchando así nuestra comprensión sobre los confines de la vida.

4. Fosa de Kuriles-Kamchatka (aprox. 10.500 metros)

Situada en el noroeste del Pacífico, esta fosa ha sido explorada mediante tecnología avanzada de sumergibles no tripulados. Su profundidad supera los 10.500 metros en algunos puntos.

Las investigaciones han sido clave para analizar la dinámica de subducción entre placas tectónicas y su relación con actividad volcánica y sísmica en Rusia y Japón.

5. Fosa de Kermadec (aprox. 10.047 metros)

Al noreste de Nueva Zelanda, la Fosa de Kermadec ha sido escenario de expediciones científicas que alcanzaron más de 10.000 metros de profundidad.

Entre los hallazgos más destacados se encuentran:

  • Especies de peces hadales adaptados a presiones extremas.
  • Microorganismos con metabolismos únicos.
  • Altas concentraciones de contaminantes plásticos, demostrando el impacto humano incluso en las mayores profundidades.

6. Fosa de Puerto Rico (aprox. 8.376 metros)

En el océano Atlántico, la Fosa de Puerto Rico contiene el punto más profundo de esta cuenca oceánica. Aunque no alcanza los 10.000 metros, sus 8.376 metros la convierten en uno de los descensos más extremos logrados en el Atlántico.

Su análisis resulta fundamental para entender la actividad sísmica que impacta al Caribe y a la costa oriental de América del Norte.

7. Fosa de Java (aprox. 7.258 metros)

También llamada Fosa de Sonda, esta depresión se localiza en el océano Índico. A lo largo de los años, múltiples expediciones han conseguido descender más allá de los 7.000 metros de profundidad.

Es una zona con gran dinamismo tectónico, causante de sismos de gran magnitud como el de 2004, el cual desencadenó un catastrófico maremoto en el sudeste asiático.

8. Cueva Krúbera-Voronya (aprox. 2.197 metros)

En tierra firme, la Cueva Krúbera-Voronya, situada en el macizo de Arabika (Georgia), constituye el abismo más profundo jamás explorado por los espeleólogos. Durante el año 2012, una misión logró descender hasta alcanzar los 2.197 metros de profundidad bajo el suelo.

Las condiciones incluyen:

  • Corredores verticales y angostos.
  • Ambientes con temperaturas bajo cero.
  • Peligro permanente de anegamientos en su interior.

Esta hazaña requirió semanas de descenso progresivo, instalación de campamentos subterráneos y una logística compleja.

9. Mina de oro de Mponeng (aprox. 4.000 metros)

En Sudáfrica, la Mina de Mponeng es la explotación minera más profunda del mundo, alcanzando cerca de 4.000 metros bajo tierra.

A esa profundidad, las temperaturas naturales de la roca pueden superar los 60 grados Celsius, por lo que se emplean sistemas avanzados de refrigeración para permitir el trabajo humano. Este entorno extremo ha permitido estudiar microorganismos que viven aislados de la superficie desde hace millones de años.

10. Pozo superprofundo de Kola (12.262 metros de perforación)

Aunque el descenso humano no llegó hasta el fondo, el Pozo superprofundo de Kola, situado en Rusia, constituye la máxima profundidad a la que ha podido llegar la ingeniería en la corteza de la Tierra, alcanzando los 12.262 metros.

El proyecto, lanzado en 1970, aportó datos fundamentales acerca de la composición geológica de la Tierra. Las temperaturas extremas, que rebasaban los 180 grados Celsius, frenaron la continuidad de las labores de perforación.

La frontera vertical del conocimiento humano

Desde las profundidades oceánicas que superan los 10.000 metros hasta túneles mineros y cavernas que descienden kilómetros bajo la superficie, la exploración vertical demuestra la capacidad humana para desafiar límites físicos aparentemente insuperables. Cada metro conquistado ha requerido innovación tecnológica, resistencia psicológica y cooperación científica internacional. Estos descensos no solo representan récords de profundidad, sino ventanas hacia mundos desconocidos que amplían nuestra comprensión de la vida, la geología y el propio planeta que habitamos.

Por Lucía Ferrer

Especialista en Internacionales

Te puede interesar